sábado, 5 de junio de 2010

Crotone - Corfu

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Wie irrten wir uns doch, als wir dachten, dass die Götter uns schon aus ihrem Griff entlassen hätten. Nachts um eins und unvermittelt pfeift uns der Wind mit satten acht Beaufort entgegen. Schon schien der rettende Hafen in greifbarer Nähe, als sich eine mächtige Front vor die Hafeneinfahrt  schiebt. Nur schemenhaft erkennbare Ölbohrtürme ziehen in der Dunkelheit an uns vorbei. Tuvalu tanzt in der schlagenden, die sekundenschnell aufbauenden See. Auch das Sturmsegel wird noch geborgen, der Regen fegt horizontal übers Schiff. Nur schwach erkennen wir vor den Lichtern der Stadt die rettende rot - grüne Befeuerung der Hafeneinfahrt. Liebe Götter, musste das nun wirklich noch sein?

Tuvalú sei Dank liegen wir letztendlich doch in den sicheren Armen der Festmacherleinen an der Mole von Crotone, Kalabrien, eine Stadt, welche früher für die Schönheit der Frauen, die Künste und seine herrliche Architektur gerühmt wurde. Ist ja nett, doch wir wollen eh nur noch erschöpft in unsere Kojen sinken. Am nächsten Tag dann trotzdem Landgang, auf den Spuren von Pythagoras, der hier während 30 Jahren seine wissenschaftlichen, sittlichen und religiösen Lehren verbreitet hat. Somit beschränken wir unsere Untersuchungen auf die Schönheit der Architektur und der Pizzas - und das Warten, bis der ausgewachsene Sturm sich nach vierundzwanzig Stunden wieder legen wird.

Am folgenden Tag legen wir zu unseren letzten hundertvierzig Meilen nach Griechenland ab. Wunderbares Segeln bei raumem Kurs. Die kleine Insel Antipaxos ist im ersten Morgenlicht schon sichtbar als uns von hinten eine harte Gewitterfront einholt. Blitze zucken bedrohlich, es donnert unaufhörlich in nächster Nähe. Dann beginnt es zu regnen und zu hageln. Beinahe orientierungslos fahren wir durch die Sintflut, mal hierhin mal dorthin, in der Hoffnung wieder herauszufinden. Odysseus lässt grüssen. Schiff und Steuermann erhalten ein Hagel-Pealing  - wenigstens kommen wir so sauber und frisch gewaschen nach Griechenland. Endlich finden wir dann irgendwo wieder hinaus aus der Sintflut und lassen in der wunderbaren Bucht von Antipaxos den Anker nieder.  Tags darauf, nach 10 Stunden Tiefschlaf geht’s dann weiter nach Korfu.  1131sm, 85 Stunden Motor, Schiff ohne irgendwelche Probleme, und eine gesunde, gut gelaunte Crew. Was will man noch mehr?

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Si que nos hemos equivocado pensando que los dioses nos hubieran liberado de su voluntad. A la una de la mañana y sin aviso previo el viento nos pega en la cara con fuerza ocho. Ya nos hemos visto en el refugio del puerto cuando un temporal se interpone entre nosotros y el puerto. Como fantasmas pasan las plataformas petroleras en la oscuridad del temporal. Tuvalu baila en la marea que crece cada minuto. Ya bajamos el tormentín, la lluvia pasa volando sobre Tuvalu. Apenas conseguimos distinguir las luces rojo-verde de la entrada del puerto delante de la ciudad iluminada.  Dioses! Hacia falta esto?

Gracias a Tuvalu estamos finalmente amarrados en los brazos del puerto de Crotone, Calabria, una ciudad que antiguamente estaba reconocida por la belleza de sus mujeres, las artes y el esplendor de su arquitectura. Todo esto suena muy bien pero lo único que deseamos es caer en nuestros camarotes. El día siguiente hacemos el paseo urbano siguiendo los pasos de pitagora quien había difundido sus sabidurías científicas, éticas y filosóficas. Enfocamos así nuestras investigaciones en la estética de la arquitectura y de las pizzas - y el tiempo de espera, hasta que el temporal habrá pasado después de 24 horas.

El día emprendemos nuestra ultima travesía de 140 millas hacia Grecia. Condiciones favorables con viento de popa nos acercan durante día y noche a la isla de Antipaxos que podemos ver en el horizonte con la primera luz de la mañana cuando nos atrapan las nubes negras de un tormenta. Relámpagos bajan sin cesar y los truenos nos amenazan de cerca. Después cae lluvia y granizo. Casi sin rumbo atravesemos el diluvio en direcciones varias, buscando la salida mas cercana - Ulises nos saluda. Barco y navegantes reciben un pealing de granizo y agua. Así llegamos por los menos limpios y recién lavados a Grecia. Por fin conseguimos salir de la tormenta y dejamos caer ancla en una cala maravillosa de Antipaxos. El día siguiente, después de unos 10 horas de sueños profundos, nos dirigimos hacia la ultimas parada, Corfu. Después de 1131 millas con 85 horas de motor llega Tuvalu sin problemas algunas y con una tripulación sana y alegre al destino previsto. Que mas se puede desear?









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